lunes, 16 de enero de 2012

“Salimos de EE.UU. prácticamente botados”. 2006

11/02/2006
Pero Irma Sehwerert había decidido irse desde mucho antes, incluso vino a Cuba en 1959, y regresó a cumplir el mandato de la Patria
Era frío aquel invierno en Chicago, pero el maltrato y la intensidad de las jornadas agotaban extremadamente. En la fábrica de postales laboraban muchas puertorriqueñas; las gestantes tenían que trabajar hasta los nueve meses. El esposo de una de las embarazadas estaba enfermo de tuberculosis, el salario de ella era mínimo, e hicieron una colecta para comprarle la canastilla.
Corrió el rumor de que Irma Sehwerert había organizado aquel movimiento, y fueron a verla los representantes de los sindicatos, “que no resolvían nada en ese momento”, para que llenara unas planillas de afiliación a los trabajadores.
“Y yo, que no tenía experiencia ni ideología ni sabía de política, me comprometí a hacerlo, y me botaron. Más bien me fui, para tratar de que aquello se calmara. Ellas tenían mucha necesidad, trabajaban para comer, yo contaba con el apoyo de mi mamá. Esa fue mi experiencia más grande, tenía 17 años.”
El desarraigo familiar, las contradicciones que experimentó en Estados Unidos, el rigor de la vida laboral, la ruptura con la madre y la hermana por su retorno a la Patria, convirtieron en mujer a la niña enfermiza, tímida, nacida en Santa Cruz del Sur.
“Cuando me vi sola en Cuba, tuve que crecer”.
Había triunfado la Revolución cubana, y quedaron atrás los viajes diarios en tren desde Indiana hasta Chicago, los días espantosos en la fábrica de puré de tomate, en la de tubos de pasta y de medicamentos, la huelga en la gran fábrica de acero donde trabajaba Cándido, el esposo.
Mas, tenía como precedente la participación de ambos en todo cuanto fue útil a la Patria: se incorporaron al Movimiento 26 de Julio, vendieron bonos, recogieron dinero para mandar a la
Sierra. Y en 1959 vinieron con la idea de quedarse definitivamente en Cuba.
Se reunieron con el entonces Ministro de Trabajo, pero él les dijo que era más importante su permanencia en Estados Unidos, porque comenzaría el éxodo de gente, la propaganda contra
Cuba y ellos estarían allá para combatirlos y trabajar en la defensa de nuestra causa. Tuvieron que quedarse un tiempo más.
Después de la victoria de Playa Girón la vida se les hizo imposible. Participaban en todas las manifestaciones en Washington y Nueva York, impartían conferencias sobre la realidad en Cuba, y comenzaron a recibir amenazas de los gusanos que llegaban, de la contrarrevolución. “Salimos de EE.UU. prácticamente botados.
“El viaje lo hice llorando, dejaba a mi madre destruida, pero para mí, en aquel momento y ahora, sigue siendo más importante la humanidad.
Me dije que mamá algún día lo entendería”.

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